Tenor mexicano Javier Camarena triunfa en Bellas Artes

Publicado por

Una noche para la memoria, no opacada por el aguacero que se abatió sobre el centro de la ciudad, fue la que brindó el tenor mexicano Javier Camarena la noche del jueves, en su concierto de gala en el Teatro Pablo de Villavicencio, donde aún se oyen los ecos de sus magistrales interpretaciones de arias de Rossini, Donizetti  y una selección de canciones mexicanas que como encore regaló a los asistentes.

Fue una noche mágica, rica en aplausos y vítores entusiastas, de íntima convivencia con el público, en la que el cantante celebró diez años de lo que considera su debut en el Palacio de Bellas Artes, en la que estuvo acompañado por la soprano defeña Ana Capetillo, con la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes y la diestra dirección del Maestro Enrique Patrón de Rueda.

Dentro de la Temporada de Otoño de la Sociedad Artística Sinaloense y del Instituto Sinaloense de Cultura, ante un teatro lleno,  Camarena cantó los temas más significativos de su carrera: Ah, mis amigos, de la ópera La hija del regimiento; Una furtiva lágrima, de Elíxir de amor, ambas de  Donnizetti; y en la segunda parte dos temas de Rossini, entre ellos el aria de Ramiro, Si, ritrovarla io juro, de La Cenicienta, con la que se consagró en abril pasado en el Metropolitan Opera House de Nueva York.

La soprano Ana Capetillo abrió el programa con dos arias: Adieu notre petite table, de la ópera Manon, de Massenet, y la maravillosa Canción de la Luna, de la ópera Rusalska, de Antonin Dvorak, que fueron bien recibidas por el público, que la aplaudió nutridamente.

Luego la orquesta interpretó la Obertura de la ópera Las bodas de Fígaro, de Mozart, para luego recibir a Camarena, que interpretó  para abrir boca el aria Un aura amorosa, de la ópera Cosi tan tutte, de Mozart, y posteriormente, Ich baue ganz aud deine Starke, de la ópera El rapto del serrallo, de Mozart, que aunque cantadas con profesionalismo, y bien recibidas por el público, obviamente se esperaba aún lo mejor.

Siguió la Obertura de Don Pasquale, de Donizetti,  con la Orquesta, y luego regresó Camarena con la clásica de clásicas, Una furtiva lágrima, que arrancó las primeras grandes ovaciones y largos aplausos de la noche, y que el cantante interpretó en forma magistral, conmoviendo a no pocos con su actuación, y los emotivos timbres que imprimió a la pieza.

Cerró la primera parte con A mes amis (Ah, mis amigos…), de La hija del regimiento, ópera con la que hiciera su debut en Bellas Artes, hace diez años, dirigido precisamente por el Maestro Patrón de Rueda,  a quien esa noche hizo un pleno reconocimiento y le brindó un emotivo abrazo por el apoyo que siempre ha brindado a los jóvenes cantantes de nuestro país.

La segunda parte la inició Ana Capetillo con una sentida interpretación de O mio bambino caro, de la ópera Gianni Schichi, de Puccini, para luego dar paso a la OSSLA tocar la obertura de la ópera Semiramide, de Rossini, con la que abrió a Camarena el apartado a este autor de óperas muy complicadas.

Volvió Camarena, afable, sencillo, con su sonrisa a flor de labios, recibido por los aplausos del público, y cantó el aria más esperada, Si, ritrovarla io juro (Sí, yo juro regresarla…), que le valió ser vitoreado y el honor de cantarla dos veces más durante su participación en la ópera La Cenicienta, en el Met de Nueva York. Fue una interpretación magistral, con un final brillante, con un conjunto de notas en rápida sucesión cantadas con precisión milimétrica.

Y si el Nueva York hubo de cantarla dos veces, aquí el público no quiso ser menos y pidieron durante el largo aplauso que la repitiera,  pero al final el cantante rehusó: “La noche es larga y tenemos aún muchos temas por cantar”, dijo entre sonrisas, e igualmente sorprendió con el aria Cessa de piu resistere (Deja ya de resistirte…) de la ópera El barbero de Sevilla, de Rosinni, con la que técnicamente cerraría el programa, aunque todo mundo sabía que no sería así.

A la larga tanda de aplausos, a las nutridas ovaciones de pie, a las salidas y regresos del escenario, cantaría con Ana Capetillo el dúo Libiamo…, de La Traviata, de Verdi, al que Patrón de Rueda pediría al público hacer coro, pero solo los chicos que estudian ópera y algún otro lo hicieron, y los demás sólo palmearon.

Regocijante la entrega de ramos de flores por parte de la edecán, y alguien del público pidió que, como los novios, arrojara el ramo. Lo iba a hacer, pero mejor lo deshizo y arrojó las rosas una a una, otras las entregó de propia mano a las damas de la primera fila, y los de la planta de alta se quedaron pidiéndolas (“Soy tenor, no pítcher”, dijo).

Todavía con la orquesta cantó la pieza de zarzuela No puede ser, de La Tabernera del Puerto, de Sorozábal (“Los ojos que lloran no saben mentir…”),  para después presentar a quien consideró “un gran amigo y un gran cómplice en el escenario”,  al pianista Ángel Rodríguez,  con quien hace dos años grabó en vivo el disco Recitales, y de donde tomó los temas Bonita, de Luis Arcaraz, y Mía, de Manuel Esperón,  y Amor de mis amores, de Agustín Lara, al piano se fueron sumando las percusiones, el violín y luego la orquesta toda.

De ahí derivaron Humo en los ojosPiénsalo bien, y el gran cierre, estrepitoso, con Granada, todas de Lara, con la que cerró esta gran noche, pese a que un gran sector del público pedía más, y otro, pasadas ya las once de la noche, empezaba a retirarse, por lo que decidió concluir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s